miércoles, 4 de abril de 2018

CELO

Estás pensando en lo peor
y el arte salva.
"Es una boludez decir eso"
-dice en voz alta Luis Sagasti-
 pero no te importa.

Vos agarrás un papelito
y lo doblás con una forma
abstracta
lo pintás con piedritas
o escribís como yo ahora
palabras cursis
o raras palabras
malas palabras
combinadas
como una música
riudosa
"El ruido no es música"
-vuelve a hablar Luis.

"Escribís esas cosas
que ya escribieron
los mejores pero bien,
ellos escribieron bien."

Y esa cosa horrible
que creaste
 o que creés que creaste
porque ya existía hace mucho
"Está todo inventado"
-insiste en hablar-
te hizo ganar unos minutos
de tiempo
segundos de un día
un día más de vida
"¿ésto es vida?"
-esta vez hablás vos-
o  dos.

Un año.
Y seguís con tus papelitos
pintados,
(pringados)
y esos escritos raros.

Vos que todo lo podés sola
"Qué bien me vendría  llorarle a un chongo"
-volvés a pensar vos, solita-
ahora necesitás que te abrace
y te diga "Vos sos linda.
(el chongo, no Sagasti)
Todo va a mejorar"

La feminista empedernida,
(porque le gusta empinar el codo)
a ella le gusta que un macho le diga
mientras se la mete.

"Pero por lo menos ahora
estarías  haciendo
-o te estarían haciendo-
eso y te olvidarías
por un tiempo de la muerte
o de pensar oscuro"

Por suerte existe el sexo
-decís
 y te olvidás del cielo y de Dios.
Y seguís con tu arte
Malo pero salva.

martes, 3 de abril de 2018

CIELO

Allá arriba está el cielo, inmenso
y lo más esperanzador que vez adelante
es la muerte.

Y te preguntás para qué
todo ese estudio
todos tus esfuerzos
todo tu amor
toda esa pasión
toda esa angustia
y esa creación.

Te preguntás
¿para qué?
y te falta el
para qué.

Y te encontrás limpiándole
el culo a  una vieja
que en el futuro serás
vos y tu culo
y decís:
¿para ésto?

Y escuchás a alguien
que la vivió más que vos,
"Es tarea" -te dice.

¿Es tarea?
- te re preguntás incrédula.

Y el cielo inmenso sigue allá arriba
como llamándote
y pensás:
Ni muerta  llego ahí.

A lo mejor  la muerte es esta
agonía eterna misma
que estoy  preguntándote.

A lo mejor la muerte es
el vacío, tu lejanía,
tu aprecio menor
o tu deprecio.

Y la vieja te agradece
que le hayas  aliviado
su picazón y se siente horrible
por ser tratada como un bebé
pero pútrido y mal oliente
cacho de carne que
no tiene ni la gracia del bebé
pero caga mucho más y mejor.

Y el cielo sigue alli.
Gracias a Dios.





LLUVIA MALA 2

Lo que más me molesta es que
no hayas venido a verme.
No tanto por el hecho de
que no hayas venido efectivamente
sino por el contrario, viniste.
Tarde.

Lo que más me molesta es que
hayas venido a verme tarde.
Calulando mal el horario
 para llegar
a no verme
porque llegaste
tarde.

No viniste a verme
sino a vigilarme
como si yo fuera una bicicleta
que se deja atada a un árbol
o a un poste de Telefónica
-que ahora se llama Movistar porque les perdonaron la deuda y pudieron cambiar su nombre.
-en su defecto.
Como si fueras dueño de esa bicicleta
o moto o auto,
que soy yo
y no tu auto, al  que cuidás
aunque no lo ates con cadena
porque tenés alarma que te indica
si alguien se lo quiere llevar
y cuando no lo usás lo dejas bajo llave
en un garaje o
en un estacionamiento pago
porque es de tu propiedad.
Yo no.

Lo que más molesta es que
viniste y no me viste o
me viste a destiempo porque
yo ya no estaba donde tenías
que verme.
 Y al final te quise
igual.

Y ya en casa quise pensar
que a lo mejor tenías razón
y mientras cenaba no tan sola
-con dos perros y varios gatos ajenos-
recordaba cómo masticabas
y lo bien que te había quedado
el diente después de
la ortodoncia
y lo feliz que eras
con tu sonrisa nueva.

No tiene razón
- sacudí mi cabeza-
Aunque su  dentadura sea
 más importante
que este poema:
No tiene razón.

Y ahora no me molesta
ni me preocupa
que no hayas venido hoy
tampoco, o también.
Y afuera llueve menos
que hace un par de meses
y dicen que la lluvia
borra la maldad y a mi
me gusta  pero ahora
siento que eso no es verdad,
es sólo una metáfora
y mañana saldremos a las calles
y veremos cuántos buenos
quedan.
Unos ya están desaparecidos,
varios ya están asesinados
y otra está presa porque es india.
Y mujer.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Magnitudes.

La medida de lo posible.
La dimensión de los desconocido.
La amplitud de los hechos.
La densidad de ambiente.
La relatividad del  tiempo.
La  intensidad de los acontecimientos.
La temperatura del aire.
La presión de las finanzas.
La masa de los cuerpos.
La energía de tu sistema.

El peso de nuestra existencia.
El volumen de tu voz.

Mi enojo es infinito.

domingo, 17 de septiembre de 2017

La Bicicleta IV




          Pisar con los pies descalzos una nuez puede ser doloroso y engañoso. Es dañino para el pie y  la nuez parece hermética e  infranqueable.
         Si en cambio pisamos apenas la nuez con un zapato de media suela, la cáscara se quiebra a nuestro paso y deja el fruto al descubierto. Lo mismo si ponemos la nuez en la bisagra de una puerta y luego cerramos la misma cuidadosamente. De estas formas se presenta un problema y es que el fruto se mezcla con los diminutos trozos de cáscara y a veces, al comerlo, nos sentimos estafados, dolidos  y -¿por qué no?-con un sabor amargo. 

         Si utilizamos un casca nueces, obviamente, el fruto queda limpio y bien separado de la cáscara. Recién ahí uno puede verificar si el fruto cumple con lo que uno espera o, en su defecto,   está pasado y negruzco. Si uno tiene hambre, se lo come apenas pelado, y se banca la pelusa aunque no sea durazno. Si uno quiere realmente disfrutar el fruto -valga la redundancia-, si uno está motivado ya sea por el hambre o por las ganas de comer, o simplemente  porque ya ha comido nueces antes y desea volver a sentir ese placer,  se esmera y logra separar la parte buena de la pútrida y al fin, saborear la nuez tan complicada. De lo contrario, faltando todo tipo de motivaciones, cáscara y fruto van a parar a la basura. 


       Pareciera que este tema de separar lo fructífero de lo infructuoso, esto de encontrar lo nutritivo sin someterse a lo debilitante, de discernir lo aparente de lo real, depende de la motivación que uno tenga para lograr el objetivo y  –claro- de contar con las herramientas adecuadas.  
 
          Tratar de encontrar analogías entre  las estrategias para disfrutar de una nuez y las formas que uno  debiera llevar  a cabo para conocer lo “jugoso” de una relación me llevaría tres minutos si no fuera por los “pero” que me están apareciendo desde que arranqué a andar en bici hace 20 minutos.

No se puede pisar descalzo una relación, ni un vínculo. Y  la frase “pisar descalzo una relación” o “ pisar descalzo un vínculo” es hermosamente poética e invita a algo auténtico y puro.


          Es lindo tener un compañero los domingos. Tal vez la palabra “bisagra” sea una preciosa metáfora para el vínculo armonioso entre dos personas pero ya está muy bastardeada en filosofía política. “Bastardear palabras” también es una metáfora y una forma de hacer política.


Concentrate ¿Qué parte de la relación estaría representada por  la nuez? ¿La otra persona? ¿El vínculo? ¿Su cabeza? ¿Qué parte debiera  aplastar con un casca nueces para ver la verdad de esa persona, vínculo o cabeza?  Si fuera su cabeza, todo mi razonamiento se volvería un policial.

martes, 22 de agosto de 2017

Dios no insiste

           Pirucha; se llamaba Pirucha y eso a nosotros nos causaba mucha risa, mucha. Es que mi abuela, le llamaba pirucha a otra cosa... Lavate la pirucha y cambiate la bombacha -nos decía. Entonces, Pirucha, su nombre, el de la mamá de los tres hermanos que eran nuestros amiguitos de la escuela, era motivo de todo tipo de miradas y sonrojos y carcajadas cada vez que escuchábamos a alguien nombrarla. Ni qué decir cuando la nombrábamos nosotros mismos, los cuatro hermanos compañeros de clase  de los tres hermanos, hijos de Pirucha. En fin, Pirucha sentenció Gracias a Dios soy atea. Y  a mi me cambió el mundo. Lo pronunció sin darle demasiada importancia mientras bajábamos del segundo piso a la planta baja en el ascensor (o descensor en este caso) del hotel romano, donde las dos familias nos habíamos encontrado por casualidad en las épocas que empezaban a escasear los últimos restos de  plata dulce. Tal vez Pirucha había leído esa frase en algún diario, o se le había ocurrido a ella misma y a mi me cambió el mundo. A veces las palabras impactan tan profundamente en la vida de un niño. Una ocurrencia así, hoy día no es ocurrencia, y si lo fuera, en tres minutos se convertiría en meme o en un cartel rojo de facebook re linkeado infinitas veces. Pero Pirucha, en el año 1980, la pronunció cara a cara y frente al espejo del ascensor de Roma, Italia, al cual yo, por mi escasa estatura no llegaba a verme pero sí podía ver su reflejo. La cara de Pirucha: Gracias a Dios soy atea, le dijo a mi madre. Y las dos se rieron el rato que duró el descenso. Tal vez fuera una frase que se podía decir en Italia pero no en Argentina. Por eso la risa. Y por eso a mi me cambió la vida, a los nueve años por  primera vez  comprendí, tuve noción, incorporé el signo lingüístico con su imagen acústica para construir el significante contradicción. 

              A veces intento recuperar la primera vez de todas las cosas. En mi propia persona me cuesta bastante. Cuándo fue la primera vez que me reí de algo. Cuándo comprendí por primera vez la relación entre dos o mas cosas que por su incoherencia o coherencia  provocara en mi la risa.  Cuándo comprendí el humor.

              Recuperar esos instantes en mis hijos me cuesta menos. Recuerdo perfectamente a mi hijo de dos años riéndose a carcajadas frente al televisor mientras el profesor Jirafales intentaba darle clases de inglés al los alumnos de la vecindad del Chavo. Cómo me emocioné cuando comprendí que Ignacio estaba comprendiendo! No es que no se hubiera reído antes de eso. Seguramente. El hallazgo era que comprendía el humor, el signo, sus relaciones. Y verlo disfrutar! Qué emoción la risa franca de nuestros hijos. También recuerdo a Manuela explorando las posibilidades de una pulsera de plástico (esas que entregan al final de los cumpleaños en las bolsitas de souvenirs). Tenía nueve o diez meses. Se ponía la pulsera en una mano, se la sacaba, se la probaba en la otra, Se la sacaba, la miraba atentamente, la sostenía con la nariz, luego se la ponía sobre la cabeza, y luego en el tobillo. Estaba concentradísima. Creo que su pensamiento, aunque aún no tuviera el lenguaje totalmente aprendido, sería  ¿Para qué es esto que me dió mi mamá tan alegremente? Si bien ella no entendía el para qué, fue el instante en el que comprendió la exploración empírica. Fue en ese instante. Y de ahí no paró. Doy Fe. Yo que también gracias a Dios soy atea Doy Fe.

Más tarde, en mi familia primigenia, pasamos a ser cinco hermanos. No es que ella no estuviera con nosotros en Roma, calculo que era una especie de Gondwana y Laurasia repartida en los cuerpos de mis padres que luego, en el año ochenta y tres se llamó Ana. Anita llegó  con  Democracia, junto y justo con Alfonsín y con el Ateísmo incorporado. A los cinco o seis años ella defendía su postura.  Dios no existe le dijo categóricamente a Mariana, la vecinita de enfrente, hija de policías ella. Que reaccionó llorando amargamente: ¡¡ Anita dice que Dios no insiste!!

 Dios no insiste fue otra de las frases  que  hizo reír a mi mamá y a mi, que ya era grande. Volvió a cambiar mi mundo. Es que Dios no insiste, seas creyente o seas - gracias a Él- atea.

Me pregunto si Dios 
tiene contemplado en su programa 
dónde mandar a la gente que 
se muere de repente. 

Me pregunto dónde manda Dios 
a esas almas de gentes que 
ni él esperaba que murieran. 

¿A qué puerta manda a tocar 
a la mujer que fue atropellada 
por un pistero a media mañana? 

¿Qué golpes tendrán que dar 
y en qué puerta
mandará Dios
a los niños que alcanzados por 
una bomba biológica
jugarán  eternamente  petrificados a la pelota de trapo?

¿Podrá a esta altura, Dios, crear
 una  puerta
para la niña violada
 y estrangulada?

Me pregunto si Dios
recupera los instantes 
que yo quisiera recuperar,
si es responsable.










viernes, 11 de agosto de 2017

Lluvia mala

Lo que más me molesta es que
no hayas venido a verme.
No tanto por el hecho de
que no hayas venido efectivamente
sino por el contrario, viniste.
Tarde.

Lo que más me molesta es que
hayas venido a verme tarde.
Calulando mal el horario
 para llegar
a no verme
porque llegaste
tarde.

No viniste a verme
sino a vigilarme
como si yo fuera una bicicleta
que se deja atada a un árbol
o a un poste de Telefónica
-en su defecto.
Como si fueras dueño de esa bicicleta
o moto o auto,
que soy yo
y no tu auto, al  que cuidás
aunque no lo ates con cadena
porque tenés alarma que te indica
si alguien se lo quiere llevar
y cuando no lo usás lo dejas bajo llave
en un garaje o
en un estacionamiento pago
porque es de tu propiedad.
Yo no.

Lo que más molesta es que
viniste y no me viste o
me viste a destiempo porque
yo ya no estaba donde tenías
que verme.
 Y al final te quise
igual.

Y ya en casa me di cuenta
que a lo mejor tenías razón
y mientras cenábamos
miraba cómo masticabas
y lo bien que te había quedado
el diente después de
la ortodoncia
y lo feliz que eras
con tu sonrisa nueva
y pensé:
Tiene razón.
Su dentadura es más importante
que este poema.

Lo que más me molesta
es que no hayas venido hoy
tampoco, o también.
Y afuera llueve como
loco y dicen que la lluvia
borra la maldad y a mi
me gusta eso pero ahora
siento que eso no es verdad,
es sólo una metáfora
y mañana serán las elecciones
que se llaman PASO
y veremos cuantos buenos
quedan.
Uno ya está desaparecido
y otra está presa porque es india.
Y mujer







miércoles, 2 de agosto de 2017

Curiosidades de la modernidad en el barrio:

Lo vi parado en la vereda de enfrente, con la mirada curiosa y amable, tan igual a la mía. De dónde conozco a este señor...Y enseguida los dos nos saludamos amigablemtente y con una sonrisa. Yo seguí mi camino hasta la parada del 521, justo en la esquina, a unos metros de mi casa.

El señor cruzó la calle y se acercó igual de sonriente pero con cierta timidez: 
-Alejandra...?
-No. Estamos confundidos. Yo también le veo cara conocida a usted- dije.- ¿Con qué Alejandra me confundió?
-Con la muchacha que vive en esa casa, la profesora de gimnasia...
-Ah... si.
-No la veo hace bastante...
-Claro- respondo- Es la señora que me vendió la casa a mí, hace cinco años.

Los dos sonreimos nuevamente.

-Entonces hace cinco años que somos vecinos y es la primera vez que nos miramos a los ojos- reflexionó sabiammente.

-Adios- Dijimos los dos cuando me subí al colectivo.

sábado, 18 de marzo de 2017

Cuatro meses.


Encontró a la laucha en el piso, recostada al costado del plato - el manjar con veneno que Laura había preparado con argucia  la noche anterior-  exhibía claras huellas del  atraco.  "Te gané"- le dijo.

Se habían visto por primera vez a finales de enero y se gustaron de inmediato. Mario y Laura  se encontraron en el momento justo para comenzar una relación nueva, que les permitiera reivindicarse en el amor. Ambos separados, lastimados por sus ex parejas, con hijos ya criados y solos hace largo tiempo andaban buscándose sin saberlo y también casi sin darse cuenta terminaron compartiendo todo su tiempo. Para mediados de marzo ya estaban conviviendo. 

Fue para  mediados de abril que se vio por primera vez con ella: Abrió la puerta de entrada a la casa y la lauchita corrió rápidamente desde abajo del sillón de dos cuerpos del living  hasta el aparador de la cocina. Tan veloz fue la alimaña que Laura dudó por unos instantes de su vista; esa sombra que atravesó la casa en escasos segundos podría ser sólo producto de su imaginación, una alucinación "leve" producto de las dos copas de vino que había tomado durante la cena -cumplían un mes de noviazgo y lo habían estado festejando en forma- o simplemente un efecto visual provocado por la reverberación de la luz del pasillo sobre los pisos de cerámica encerados. El terror no evitó que le hiciera el escandalo a Mario: "¡No esperarás que me quede a dormir en tu casa con ese bicho dando vueltas! ¡Me da miedo! ¡Mucho miedo! ¡Salgamos a acá! ¡Ya!" Así pasaron su primer "mesaniversario", cada cual en su cama.
Mario se encargó de conseguir a Hermes, el gato  de su vecino, asegurando que el olor del felino la ahuyentaría.  El negro, obeso, viejo y miedoso gato  maullaba desesperado frente a la puerta de la cocina que daba al  patio  pidiéndole auxilio a su dueño que se reía como bobo del otro lado de la medianera,  de su bobo  gato.  Laura volvió.

Para la semana siguiente el episodio se había olvidado. Eso creía Mario. Pero Laura entraba a la casa, no sin cierta agitación, pisando despacio, sigilosa, esperando sorprender a la intrusa. Esperando no ser sorprendida. 

Una noche, a mediados de mayo, mientras cenaban festejando el tercer mes de convivencia, Mario intentó un arrumaco bajo la mesa y se desató el desastre: "¡Me tocó la rata! ¡Está abajo de la mesa! ¡Me tocó! ¡Me tocóóó!"  Para cuando Mario logró hacerla entrar en razón, el sobresalto que le causó el roce del  pié sobre su entrepierna había sido tal que  hizo que vasos, platos, botellas y comida terminaran desparramados por todo el comedor. Los cerámicos ahora estaban opacos. 

Para principios de junio la casa de Mario estaba llena de trampas, a las que periódicamente le ensartaba con cuidado todo tipo de exquisiteces y golosinas: una rodaja de chorizo, un canapé de pescado, un trozo de empanada de jamón y queso... la laucha parecía conocer a la perfección el mecanismo. Con más cuidado que él, se las ingeniaba para mordisquear las delicias rodeando la guillotina metálica, logrando devorar todo lo que le ofrecía sin sufrir el menor daño.  Mario y Laura se divertían en la cama, después de hacer el amor, pensando cómo haría la desgraciada para zafar de toda la maquinaria de anzuelos que había plantado en la casa. "No va a pasar por la puerta de lo bien alimentada que está. Un día de estos la invitamos a sentarse a nuestra mesa. le estoy tomando cariño." Laura se esforzaba en controlar su miedo, se ponía entusiasta y positiva, teniendo la convicción de que finalmente Mario acabaría con el asqueroso huésped.
Para fines de junio  las tramperas dejaron de ser gambeteadas y el alimento que albergaban quedó intacto. "Se fue" Sentenció Mario -y Laura le creyó.

Fue en otra noche, a principios de Julio, que Laura,  olvidada por completo del animalito, la vio por segunda vez. Ahí estaba, más grande y regordeta, en la cocina, haciendo equilibrio en el segundo cajón entreabierto de la alacena, tratando de llegar  donde guardaban los víveres. Se miraron a los ojos durante un instante, luego la laucha saltó rauda y se escondió debajo del aparador. "Vive acá y está cómoda."-reflexionó. 
"Las come y explota ¿Cómo se las ponemos?" preguntó Mario mientras intentaba leer las instrucciones sin anteojos. Sin esperar respuesta abrió el paquetito y esparció unas quince semillas azules por el piso de la cocina, cerca del tacho de basura. Luego, con una cuchara las acomodó en un dibujo que parecía un corazón. Los días pasaron y el corazón seguía con idéntica forma y con igual cantidad granos tóxicos. "Se fue, te lo dije. Se fue." Volvió a sentenciar Mario.  "Ella sabe, son bichos milenarios. No las mató ni la bomba de Hiroshima, ¿sabés? No la vamos a engañar nosotros con  esas pocas pepitas que le dejaste ahí"- chilló Laura. "¡Mujer! ¡Date cuenta que no está más".  Laura decidió creerle por segunda vez. 
Pero a la mañana siguiente, preparando la masa para la tarta del mediodía, encontró el paquete de harina todo rasguñado, "Lo abrí yo así"- mintió Mario- y comprendió que la laucha  se  había burlado de Mario nuevamente. Y Mario de ella; de Laura.  Así que por la noche, vació el paquete completo de las ponzoñosas granas azules sobre el plato de loza blanca, las cubrió con harina más blanca que la loza hasta formar una montaña preciosa y suspiró. "Hace cuatro meses que vivimos juntas, hace cuatro meses que te alimento. Esta vez te preparé  algo rico. No hace falta que escarbes mi paquete de harina, te la doy en mi plato."

Por la mañana encontró a la laucha en el piso, recostada - el manjar con veneno que Laura había preparado con argucia  la noche anterior exhibía claras huellas del  atraco.  La "ocupa" agonizaba.  "Te gané"- le dijo- "Te gané yo solita". Barrió a la laucha dentro de una bolsa, la tiró a la basura, fue a hasta la habitación de Mario, dobló y guardó toda su ropa en un bolso, salió a la calle y cerró la puerta de  calle de la casa de Mario por última vez.

martes, 1 de noviembre de 2016

Declaración o halgo (2)

La primera vez que nos vimos,
no te vi.
Yo era angustia, preocupación.
Me mirabas fascinado,
buscando en mi mirada algo,
tratando de decirme:
¨Algo¨.

Yo, en cambio,
apurada corrí a mi trabajo,
preocupada, angustiada
Corría.
(Y no entendí)

No sintiendo tu mirada en la mía
y escuchándote podría haber
pensado: "¿Por qué estás tan enojado?"
pero no pensé, no te vi, no escuché.
así que no dije nada,
que es como decir
hhhh.....

Ahora pienso:
Qué cursi es todo lo que estoy pensando.

Es que no se te ocurría nada
inteligente.
No se te ocurriá nada. O todo.
Te invadí.
Yo estaba apurada, preocupada, angustiada, ciega.
Ese algo, no se te ocurría.

Ese  ¨algo¨ que te circuló por el alma.
y que debiera escribirse
con H para adquirir jerarquía,
no se te ocurrió.
No me dijiste nada.

Quiero Halgo.
Dame una H.- habrás pensado.
pero no dijiste nada.
Y yo corrí, apurada a mi trabajo.
A las 12, con mis zapatitos talle 33.

Hay muchas palabras que
empiezan con H
como por ejemplo:
¨Hallar¨.

pero ninguna palabra que empiece con Halgo.

En cambio con Algo, sí.
Algoritmo, por ejemplo:

"Conjunto ordenado de operaciones sistemáticas
 que permite hacer un cálculo
 y hallar la solución
de un tipo de problemas."

Y te tomaste un tiempo para hallar mi algoritmo.

Hay palabras que empiezan con otras letras.
Pero vos, elegiste Algoritmo, para no fallar.

Humor es parecido a Amor.
Amor empieza con A, también.

También hay palabras que empiezan con otras letras
y que yo haría con vos.
Ahora mismo se me ocurren un montón.

Hallaste mi algoritmo, amor.
"Hamor"





sábado, 9 de julio de 2016

Ese límite.

La distancia.
La fragilidad del límite.
La relatividad
de las distancias
y de ese límite.

Murió ahí,
tan cerca mío.
Al lado mio.

Estaba. Luego,
No estaba.

Las vidas de los presentes
y sus presentes.

Hoy algo los une.

Ese límite infranqueable
para nosotros, ahora.
Ese límite delgado.
Esa franja ínfima
y tan ancha.


¿Quién nacerá hoy?
Equilibrio.

Murió un padre.
Crecerá pronto un hijo.

Murió el perro
ése al que llamaban "mi hijo"
Crece un hijo en el vientre de esa mujer.

Murió un amigo.
Crecerá el vínculo
con su familia.

Murió una abuela
Crecerán nietos
para recordar sus abrazos.

Equilibrio.
Desequilibrio.
Nacimiento.

La fragilidad del límite.

Éramos dos.
Éramos muchos.
Era uno.
No era más.

Eran dos;
era amor;
era una mujer con su amor.
Eran una y dos.
Era un hijo.









lunes, 9 de mayo de 2016

Del sexismo en el teatro



¨¿Actriz o actor? Desde el título he tenido que elegir. Con el deseo de subvertir el uso corriente de incluir el femenino en el masculino universal y con la intención declarada de sentirme sujeto del discurso como mujer, elegí usar la palabra ¨actriz¨, incluso cuando hablo del oficio en general. Quisiera contribuir a crear nuevas reglas y usos de léxico, pero CÓMO hacerlo no se hizo evidente aún. [...] Con esta elección deseo simplemente contribuir a un reconocimiento más explícito del rol de las mujeres en la historia de la profesión teatral¨

Como contó Daniel Dalmaroni en el primer encuentro de Picada de Dramaturgos, pareciera que cuando uno tiene algo en la cabeza, ¨los relacionados¨ aparecen por todos lados. Y eso me está sucediendo por estos días, donde mi interés se centra en comprender el sexismo en mi ámbito laboral, ¨mágicamente¨ aparece material que me remite directamente al tema; material que estaba ahí desde siempre, pero ahora ¨se pone en mis manos¨ casi esotéricamente. (Y sí, el evento ¨Picada de Dramaturgos¨ está compuesta por encuentros con dramaturgos y dramaturga, ¨pero eso es un detalle menor¨- diría Cucaña). 

La cita es de Julia Varley (actriz y pedagoga) y pertenece a su libro ¨Piedras de agua¨ de la colección de estudios teatrales del INT. El libro está en mi biblioteca desde cuando fuimos a La Plata con la obra ¨Ubú, un beso único¨ hace algunos años, durante un festival nacional de teatro. Al finalizar el mismo, nos regalaron (al grupo de La Butifarra teatro) una caja con varios libros y revistas sobre actualidad teatral. Mucho de ese material lo utilizo para dar mis clases pero ese libro en especial, me había costado leerlo. A ¨Piedras en el agua¨ lo empecé en varias oportunidades y por una cosa u otra, no pude seguir. Pues bien, hace unos días, acomodando mi biblioteca se me cayó sobre la cabeza desde las alturas de un estante. Cuando lo levanté, pensé ¨Bueno, querés que te lea¨. En la caída una de las hojas se había doblado, así que fue esa hoja la primera que leí mientras trataba de alisarla:

¨Desde que trabajo con el Odin Teatret y escucho las conferencias de su director Eugenio barba, oigo hablar de Meyerhold, Stanislavski, Brecht, Artaud, Grotowski... cada vez más me pregunto por qué no hay nombres de mujeres entre estos maestros. Raramente escucho hablar de Duncan, Duse, Littlewood [...] Quisiera que algo cambiara en la manera de registrar, investigar, documentar y escribir la historia del teatro. Deseo la presencia de mujeres en su forma de intentar y pensar, e incluir su contribución en la teorías y prácticas del futuro...¨
¨El ser actriz me ha enseñado a tener fe en la vulnerabilidad de la diferencia como mujer evitando exigencias igualitarias o dominantes. De esta manera, en la historia del teatro, prefiero apuntar hacia una presencia visible particular, que tal vez aún debe ser inventada.
[...] Quisiera concretar un sueño paradójico: una historia en la cual personas anónimas tengan un rostro y una voz En vez de preocuparme sólo por imponer un reconocimiento histórico e igualitario para las mujeres que trabajan en teatro, quisiera poner patas para arriba los criterios habituales.¨

Con esta nota, lo único que me propongo es poner sobre la mesa mi inquietud. Hacerla visible. He señalado en varias notas y debates el sexismo implícito en las convocatorias, concursos y premios para actores (y actrices por supuesto), basta con hacer un rápido análisis estadístico de la cantidad de hombres premiados en los rubros ¨Dirección¨ por ejemplo o ¨Dramaturgos nacionales¨, para darse cuenta. Pero no quiero profundizar particularmente en el tema ¨premios¨ (ya que para ¨repensar ese tema ya existen los Premios Cocha Off)  si no en esta otra cuestión, igualmente profunda: la discriminación de la mujer en el teatro.

Para cerrar el inicio de esta apertura a la reflexión (¡flor de oxímoron me mandé!), les dejo dos citas más:

¨…el sexismo implica relaciones de género inequitativas y se refiere a las prácticas institucionales e interpersonales según las cuales los miembros del grupo de género dominante (generalmente los hombres) acumulan privilegios mediante la subordinación de otros grupos de género (por lo común las mujeres) y justifican esas prácticas mediante ideologías de superioridad, diferencias o desviaciones innatas.¨ (¨Sobre lenguaje y sexismo. Lo que esconden las palabras- Miguel Ángel Mendo.)

  ¨…el sexismo es una ideología que influye en el discurso filosófico de dos maneras:  a) como condicionante inmediato del modo como la mujer es pensada y categorizada en la sistematización filosófica de las representaciones ideológicas, y b) como condicionante mediato de la mala fe de un discurso que se constituye como la forma por excelencia de relación conscientemente elaborada con la concreta historicidad del hombre y procede a la exclusión sistemática de la mujer de ese discurso.
La ideología sexista se manifiesta, por lo tanto, en las formas que emplea el discurso filosófico para escamotear la humanidad plena de las mujeres, convirtiéndolo en un discurso limitado, «resentido de la falsedad que lleva consigo la percepción distorsionada de la misma, precisamente para un discurso que se pretende a sí mismo el discurso de la autoconciencia de la especie». (“Rasgos patriarcales del discurso filosófico: notas acerca del sexismo en filosofía- Diccionario de Filosofía Latinoamericana- Celia Amorós.)