domingo, 16 de febrero de 2014

Real

       
Ornella no veía a Gael hacía ya mucho tiempo. O no tanto, pero a ella se le figuraba una eternidad. Los diez años que le llevaba, ahora se le hacían veinticinco; como si el tiempo hubiera pasado más rápidamente para ella que para él. Estaba mayor, mucho mayor que él- en todos los sentidos. 
Además se sentía vieja.

                       Así que decidió largarse, pero sin antes explicarle por enésima y última vez aquello que él volvería a no entender. Le escribió despacio y le habló con respeto -lo trató de usted:

-Usted no puede entenderlo, Gael: Recuerde...recuerde qué bien nos sentíamos, cuando concretos.
Lo virtual nos desvanece. Esa es la paradoja: Lo virtual nos  desvirtúa. ¨Me¨ desvirtúa. Me voy Gael.
Si usted desea verme, sólo tendrá que verme; si desea escucharme, ya no tendrá que leerme. Sólo tendrá que acercar su oído a mis labios. 
Si desea amarme: sólo tendrá que tocar mi puerta.

Y ahí no más, Ornella apagó su computadora para siempre.


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