martes, 21 de julio de 2015

Ella se prohibió.

           Ella se prohibió volver a querer. ¨Son cosas de chicos¨-dijo. Y hace dos años que no tiene contacto alguno. No quiere. No puede. Hace poco estaba en una reunión, y alguien propuso el concurso de abrazos. Casi se desmaya. El animador tocaba un silbato y de inmediato toda la gente corría a abrazarse. Permanecían enlazados varios minutos y algunas personas, después de eso, se miraban a los ojos y se sonreían. Pensó en  zafar de aquel mal momento inventando una excusa pero no se le ocurrió ninguna que pudiera decir en voz alta sin aguar la fiesta. ¿Qué iba a decir: ¨No quiero que me toquen¨? Así que respiró hondo y se instaló a un costado bien periférico de donde comenzaba el juego, ¨Para que nadie me abrace¨- se murmuró varias veces, casi como rezando. Y parece que el rezo surtió efecto porque nadie se le acercó. 
         ¨No tengo deseo¨  intentó explicarme el otro día. ¨No se me para¨-bromeó. Y yo me despilfarré con todas esas frases hechas que dicen: ...tenés que abrirte..., ¨...ya va a llegar...¨,  ¨...tenés toda la libido puesta en tu profesión...¨ ¨...Ya te vas a enamorar y te va a venir todo el deseo junto..¨  
No quiere enamorarse más, me dijo. Ya se enamoró una vez y ¨esas cosas no se repiten¨- aseguró. Tomó la decisión un día y viene cumpliéndola hace dos años. Uno siempre se enamora de alguien que no conoce, se enamora de lo agradable que le resulta la  extrañeza de lo nuevo, de su tono, de lo extranjero y original de su forma. Yo creo que ella ya conoce demasiado. 
           

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