lunes, 6 de abril de 2015

Caminando

                  Por un momento se detiene a pensar sobre la relatividad del tiempo pero es inútil, la teoría de Einstein no está al alcance de su entendimiento, así que se limita a reordenar los sucesos tal como los ha vivido. 
                 La fiesta estaba terminando pero todavía circulaban varias personas por la pista de baile. Sara se acercó al mostrador y se puso a conversar con el muchacho que atendía y su mujer. Pidió una cerveza de litro. Franco se acercó un poco a la  barra y bastante a Sara, luego  lanzó la pregunta al aire  ¿Dónde es el baño?  con intención de molestarla. Todos se dieron cuenta pero disimularon y el muchacho del mostrador murmuró levantando el dedo índice: Por allá. El instante fue incómodo para los tres pero más para Sara que comprendió que todos sabían lo que Franco le había hecho hacía ya varios años. El hecho seguía allí, todos al verlos instalaban en el aire esa patética duda ¿Será verdad? 
        ¿Cuánto pudo haber estado pensando Sara sobre esa sensación? ¿Cuánto pensamiento puede entrar en unos segundos? ¿Las palabras pensadas son más cortas que las mismas palabras expresadas en el mismo orden pero habladas? ¿Cuánta distancia es un poco y cuánto es bastante? Porque Sara pensó ¨Se hacen los que no saben porque les doy vergüenza. Creen que no me doy cuenta que yo sé que ellos saben pero que tienen sus dudas ¿Soy patética o los patéticos son ellos? Pensó todo eso durante los escasos segundos que la mujer del muchacho de la barra le servía una cerveza en el vaso plástico de un litro. Tomó el vaso y al darse vuelta ya no quedaba nadie en el salón de baile de la fiesta. Retrocedió un paso. Se observó a sí misma. Vestía un solero negro escotado y bastante corto. El mismo era holgado pero a ella le quedaba ceñido al cuerpo porque lo había comprado de un talle menos al que le correspondía ¿Qué talle le corresponde a cada uno? ¿Quién decide que el vestido corresponde si es holgado y no corresponde si está ajustado al cuerpo?  
                      Se sacó los zapatos de taco, los colocó en una bolsa de papel y se puso unas sandalias cómodas.  Se dirigió hacia la salida, por donde hacía unas horas había ingresado ¿Puede una misma puerta conducir a espacios y tiempos tan diferentes? En la puerta se cruzó con una pareja de conocidos ¿Te acercamos a algún lado? No, yo ya me voy, les contestó Sara con su vaso de litro lleno de cerveza y empezó a caminar. ¿Dónde es ¨algún lado¨? Al cabo de unas horas, o de una hora, o de unos minutos, decidió que no sabía dónde estaba. Tomó su celular y llamó a Adela que la atendió somnolienta ¿Qué te pasó?- preguntó Adela.  Se fueron todos, no sé cómo. Quedé yo sola. - respondió Sara.
                 La batería del teléfono resolvió que la conversación debía terminar y se agotó, así que Sara volvió a caminar durante algún tiempo. ¿Dónde van los mensajes que uno elimina? ¿la gente que muere  vive junto a esos mensajes? ¿Por qué la gente le habla a sus seres queridos muertos desde su Facebook? Se detuvo cuando se encontró frente a su colegio secundario. -Ahora ya sé dónde estoy. Se sentó en el primer escalón de la gran fachada y tomó unos tragos. Pensó cuán atinado había sido sacarse los zapatos de taco, habría sido difícil caminar tantas cuadras con ellos ¿Cuántas cuadras es lejos? Con las sandalias  el recorrido había sido corto. Tomó otro sorbo y volvió a caminar. Llegó hasta la casa donde vivían dos de sus amigos a los que hacía muchísimo tiempo que no veía  ¨¿Cuánto es muchísimo tiempo? No los veo desde el 10 de mayo del 2014. Casi un año. Tal vez sea poquísimo tiempo para ellos que no han mostrado ningún indicio de haberme extrañado. Tal vez para ellos es mucho tiempo, tanto tanto que yo no existo en sus vidas ni en sus recuerdos.¨ Tal vez creen que Sara está muerta. Tal vez han estado mandando mensajes al espacio virtual donde piensan que Sara  está, ahora que ya no está porque en sus mentes, ella está. ¨Si ya no estoy ¿Cómo harán ellos para mandarme sus mensajes?¨  Tal vez por eso la mayoría de la gente piensa que es mejor decir las cosas a sus seres queridos cuando todavía están entre ellos. ¨Si una persona se muere y no podemos dejar de recordarla y evocarla en todas nuestras conversaciones y pensamientos ¿sigue entre nosotros?¨ Golpeó la puerta despacio, tanto como para que no la escuchasen ni le abrieran, pero como para convencerse de que ella golpeó. 
              Tomó otros sorbos de cerveza. Siguió caminando hasta la casa de Román. Antes de tocar timbre, calculó que serían las cinco de la mañana, aunque no sabía de que día porque no estaba segura sobre cuántos días había caminado. Uno camina sobre sus días- pensó. Se terminó la cerveza de un trago. Suspiró hondo: ¿qué voy a hacer si me abre? Tocó timbre. El perro ladró. Tocó timbre. El perro volvió a ladrar. ¨No va a abrir porque tiene miedo. No va a abrir porque sabe que soy yo. No va a abrir porque no está.¨ Tocó el timbre por tercera vez. El perro siguió ladrando. ¨Me está espiando por la mirilla de la puerta. O tal vez ni se tomó el trabajo de levantarse porque ya sabe que soy yo. O a lo mejor no está. Está.¨  Sara se sienta en el umbral de la casa de Román. Llora durante un rato para que salga el sol. Cuando la claridad asoma, se pone de pié. Vuelve a caminar. Llega hasta su casa. Se duerme para siempre. Al instante se despierta. Por un momento se detiene a pensar sobre la relatividad del tiempo pero es inútil, la teoría de Einstein no está al alcance de su entendimiento, así que se limita a reordenar los sucesos tal como los ha vivido.
¨ ¿Qué voy a hacer si  no me abre?¨

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